La venganza de Smith
Que no cunda el pánico. A los que habéis visto la imagen y no pilláis el titular os diré, ante todo, que este no es un post sobre la mendicidad en mi barrio. El blog de Callejeros está en desarrollo. El hombre que aparece en la foto es Robert Smith, lÃder de The Cure y ésta es la crónica de una historia interminable.
Dicen que la venganza es un plato que se sirve frÃo. Ayer se repartieron raciones a diestro y siniestro en el Palau Sant Jordi, aunque yo sigo sin entender a qué vino tanto resquemor. ¿Por qué nos hiciste eso Robert? ¿Es que en el 89 te fuiste cabreado por algo?
Tres largas horas de concierto fueron las que necesitó el cantante para quedarse a gusto, no sin tener en vilo a los que ya no sentÃamos las piernas después del primer bis. Se apagaron las luces y pensamos que todo habÃa terminado, pero no. Volvieron a aparecer en el escenario para dar paso al segundo bis y repitieron la jugada para dar paso a un tercero. ¡Dios mÃo!
El concierto no estuvo mal del todo. Supongo que los encocados, los emporrados y los embebidos dirán que fue una experiencia religiosa. Aún en el supuesto de que lo fuera, fue una experiencia religiosa algo larga.
Eso sÃ, hay que agradecer su generosidad con el público que llevaba esperándolos desde el 89 (muchos grupos deberÃan tomar nota de lo que hay que ofrecer a cambio de 40 euros en pista y dos décadas de espera), pero para los que no somos fans, su generosidad se convirtió en pesadez. A mi me pesaban los párpados en determinados momentos.
Lo apropiado es salir del concierto con ganas de más, no saciado como un cerdo después de comer hasta reventar.

Duraciones al margen, el show no fue demasiado espectacular en el apartado audiovisual y, a nivel musical, la calidad del sonido tampoco fue la deseable. Sé que ahà entran en juego otros factores como el recinto y el lugar donde estás situado, pero en muchas ocasiones los instrumentos parecÃan ecualizados a niveles de volumen idénticos. Eché en falta más intensidad en ciertos momentos, más guitarra y acompañamiento musical cuando entraba el estribillo, para reforzar la sensación de “subidón”.
¿Cosas positivas? La voz del Smith. Me encanta. Reconozco que es el atractivo en mayúsculas de la banda. El lamento continuado, la estética… Durante el concierto imaginé cómo debió ser el éxito cosechado en los 80, y comprendà a los cuarentones que sonreÃan entusiasmados a mi alrededor.
Supongo que dentro de 20 años, los Arctic Monkeys se reunirán de nuevo, harán una gira y todos los jóvenes de ahora iremos a recordar la primera vez que los vimos en directo. Sólo por eso valdrá la pena.
En ese mismo concierto, habrá un chaval de 18 años que, al dÃa siguiente, escribirá un artÃculo en Dosis Musical comentando lo mismo que yo he criticado hoy a propósito de The Cure.
Este contraste de impresiones suele aparecer cuando el relevo generacional y la nostalgia se dan cita en un mismo recinto.
PD: Espero la contracrónica de mi compañera Laura BenÃtez que también asistió al concierto y seguro que es algo más constructiva en su post.


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